Opinión: Ley del libro y la lectura en la OEM

Opinión: Ley del libro y la lectura en la OEM

A continuación les comparto mi opinión publicada en el Sol de México, de la Organización Editorial Mexicana, este 2 de diciembre.

El día de ayer, en el marco de la Vigésima Séptima Feria Internacional del Libro de Guadalajara, se llevó a cabo un diálogo sobre la figura del precio único en el que participaron, entre otros, el director general de la Feria del Libro de Frankfort, el director del Buró Internacional de la Edición Francesa y el director Editorial de Era. Fue un encuentro muy interesante sobre un tema al que se le han dedicado muchos debates y argumentos en muchas partes del mundo.

Desde que se publicó la Ley de Fomento para el Libro y la Lectura en julio de 2008, ha habido pronunciamiento de los poderes públicos, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, además de intelectuales, editores, libreros, académicos y escritores, entre otros. El tema central del debate: la figura del precio único del libro.

El precio único es una figura jurídica aplicada en muchos países (Alemania, Francia, Inglaterra, Italia, Luxemburgo y España, entre otros), de acuerdo con el cual, durante un tiempo determinado, los libros son adquiridos a un mismo precio en cualquier librería de un país determinado. Dependiendo el caso, el precio es único, sujeto a fluctuaciones iguales en todo el territorio del país, o fijo, sin modificaciones de ningún tipo durante su vigencia.

El propósito del precio fijo es poner en condiciones de igualdad la adquisición de libros en todo un país con la finalidad de democratizar su acceso, incentivar la competencia desde aspectos más amplios que la sola aplicación del precio y eliminar las políticas de aparentes descuentos que ofrecen algunas de las grandes distribuidoras de libros en una ciudad determinada, a costa de elevar el costo de los ejemplares en otras regiones.

En México el precio único no es un precio fijo. Durante su vigencia puede modificarse siempre que sea el mismo en todo el territorio nacional, sin embargo, su vigencia es corta (sólo 18 meses) y al no haber sanciones para los distribuidores de libros y librerías que no lo respeten, la figura jurídica quedó en una circunstancia de aplicación poco efectiva o nula en muchos casos.

Con ese motivo y con base en la experiencia y éxito de otros países, en el Senado de la República, un grupo de senadoras presentamos una iniciativa de reformas a la ley del libro, con la finalidad de fortalecer la vigencia del precio único, responsabilizar a la Procuraduría Federal del Consumidor de la vigilancia de su aplicación y regular algunos aspectos del libro electrónico, con la finalidad de que sea considerado y regulado en términos semejantes al libro impreso.

Como en todo, existen opositores a la aplicación de la figura del precio único, no obstante, debe señalarse que la Suprema Corte de Justicia de la Nación se ha pronunciado en dos ocasiones a favor de la constitucionalidad de esta figura jurídica, y ha dejado en claro que su aplicación no constituye práctica monopólica alguna ni afecta la libre concurrencia al mercado.

El precio único aplica únicamente al consumidor final. Es decir, los lectores de Tijuana, Mérida o el Distrito Federal, dispondrán de ejemplares de un mismo libro a un mismo precio. Sin embargo, el arreglo comercial entre editores y distribuidores se dará bajo las condiciones de oportunidad que, en cada caso, favorezca la venta de libros y la mejor condición de negocios para cada uno de ellos.

Las librerías tendrán, de esta forma, mejores oportunidades para subsistir, pues se acota la imposición de condiciones de venta de parte de los grandes distribuidores, y todas los establecimientos de venta de libros venderán en igualdad de condiciones de precio, lo que eventualmente desplazará la competencia hacia otros factores, como un catálogo especializado y amplio, mejores servicios, inclusión de otros servicios de valor agregado y toda clase de recursos de innovación que la inventiva de cada establecimiento sea capaz de generar.

Uno de los objetivos que se espera lograr en el mediano plazo, es que haya más librerías porque, contrario a lo que algunos piensan, el fomento de la lectura es inconcebible sin el fomento al libro y a la industria editorial que, a través de la figura del precio único, puede lograr muchos de sus propósitos sin que necesariamente se le ponga en un régimen fiscal especial, propósitos como una mayor oferta de títulos, condición básica para invitar a la lectura a las personas que no sólo están apartadas de las librerías, sino de los libros mismos.

 

El artículo de opinión puede consultarse en el formato original, en el Sol de México, de la OEM.

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