Izquierda y derecha

Izquierda y derecha

No muchos conocen la historia de por qué agrupamos a las fuerzas políticas según una posición de derecha o izquierda. Su origen se remonta a finales del siglo XVIII, a la conclusión de la Revolución Francesa, cuando girondinos y jacobinos ocupaban sus escaños de acuerdo con sus afinidades políticas.

Con el tiempo y surgimiento de otros los movimientos sociales, la idea de la izquierda y la derecha fue tomando otras concepciones que, incluso, iban más allá de las decisiones sobre la monarquía parlamentaria, el sufragio universal, el Gobierno de las élites o el Gobierno para el pueblo. De hecho, muchos apoyaban las causas populares, incluso mediante la violencia, a favor o en contra, mediante el uso de la violencia revolucionaria o a través de la represión gubernamental, como pudo observarse durante la llamada comuna de París, en el año de 1871.

Con la institucionalización de los partidos políticos, muchos fueron adoptando la idea de identificarse como organizaciones de derecha o de izquierda, hasta convertirse hoy día en la forma más común de calificar a los partidos políticos en cualquier parte del mundo, a pesar de que algunos intelectuales o dirigentes han considerado que se trata de una adjetivación obsoleta.

Lo que es un hecho es que los partidos de derecha postulan la idea de mantener la tradición, apegarse a ideas conservadoras y conducir la vida económica bajo la idea de un liberalismo en donde la libertad de empresa y la no intervención del Estado en la economía son los principios que orientan su actividad política. En el extremo de la derecha se encuentra movimientos como el fascismo y organizaciones ultraconservadoras como el Ku Klux Klan o los skinhead.

La izquierda, a su vez, siempre se ha manifestado por el cambio y la lucha en contra de cualquier tipo de opresión, además de proponer una sólida intervención del Estado en las actividades económicas, especialmente las empresariales, contar con corporaciones controladas por el Estado y la constitución de sectores económicos estratégicos vedados a los particulares. En el extremo de la izquierda se encuentra organizaciones como los bolcheviques, el chavismo o el EZLN.

Ni la extrema derecha ni la extrema izquierda son democráticas por naturaleza. Lo único similar en su tendencia ideológica es el uso de la violencia como medio para lograr sus fines, lo que confirma que los extremos solo se tocan en condiciones extremas. No obstante, tanto en la izquierda como en la derecha comunes existen diferentes corrientes, unas más apegadas a la tradición y el conservadurismo y otras más dispuestas a la emancipación y la subversión de las reglas.

Está en el ADN de la derecha y de la izquierda la oposición entre tradición y emancipación, lo que hace intransitable a los gobiernos de coalición de partidos de izquierda y derecha conjuntamente. Cualquier idea que pretenda ofrecer la síntesis de lo mejor de ambas tendencias tiene pretensiones específicamente electoreras, carentes de contenido político y cuyo discurso no pasa de los lugares comunes y, en el peor de los escenarios, refleja las componendas de que son capaces los liderazgos políticos al renunciar a sus principios o lo desdibujado de sus institutos.

Así como en el origen los parlamentarios de la Asamblea Nacional Constituyente de Francia se ubicaban junto a los representantes que les eran afines políticamente, así deben constituirse las alanzas para que efectivamente expresen una línea de pensamiento con objetivos políticos claros y alineados. De otra forma, solo muestran el deseo neurótico por alcanzar el poder y, desde ahí, ejercer políticas de control del Gobierno, aun después de concluidos los mandatos constitucionales.

Existe una tercera vía, la cual no está en medio de la derecha ni de la izquierda: va más allá. No pretende tomar lo mejor de cada una de ellas, sino abanderar las causas que, desde posturas eminentemente democráticas, propicien la conciliación de la sociedad, la mediación de los intereses entre quienes son diferentes con políticas afirmativas ahí donde se justifiquen, con el propósito de procurar una distribución de la riqueza de la sociedad sin la imposición de medidas justicieras.

A ninguna sociedad le agrada vivir en los extremos. Mejor optar por sociedades de cooperación en condiciones de moderación política, de respeto e institucionalidad, sin exclusiones de ningún tipo, en donde todos encuentren el lugar que mejor les siente para su desarrollo individual y colectivo.

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