Apologías del crimen

Apologías del crimen

Por increíble que parezca, hay quienes describen la personalidad de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera como carismático, humilde, retraído y con otras cualidades que difícilmente podrán atribuirse a uno de los criminales más desalmados de los últimos tiempos. La violencia fue y ha sido su sello. Más sorprendente resulta que personalidades públicas reconozcan que creen más en el “Chapo” qué en las autoridades de Gobierno.

Se trata de personas desinformadas a quienes la figura del “Chapo” cautiva, olvidando la cauda de muertes, corrupción y descomposición social que ha dejado en su largo camino de construcción del imperio del cártel de Sinaloa, durante los años que ha operado en la región noroeste y norte del país preponderantemente.

Pero existen otros que actúan en el oportunismo pleno. Quienes sostienen que el Gobierno fue capaz de atrapar a Guzmán Loera, pero no encontró a los 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa. Los oportunistas, a diferencia de personas desinformadas, ocultan sus fines en la confusión: prefieren centrarse en acusar a las autoridades de seguridad pública del país, a costa de un dolor que les es ajeno pero que les rinde beneficios políticos.

Decir que los criminales reales y tangibles como el “Chapo” son igual de ladrones que la autoridad, sin más evidencia que la repetición obsesiva de esta idea en mítines y asambleas, para atraer adeptos, solo reproduce los métodos fascistas de imposición de una verdad politiquera. La esquizofrenia política siempre subordina la realidad a la causa.

En una sociedad abierta como la mexicana, se puede decir prácticamente cualquier cosa y, en muchos casos, cometer atentados en contra de la razón. Atrapar a Guzmán Loera constituye un acto de reparación del daño causado a la sociedad mexicana por uno de los líderes más sanguinarios de que se tiene memoria; localizarlo después de evadirse del penal de máxima seguridad, no es sino la prolongación de ese compromiso con la justicia.

Habrá quienes no vean en este acto un éxito de la política de seguridad; habrá quienes sostengan que todo fue gracias a la cooperación con las autoridades de Estados Unidos o, incluso, que se trató de un gran simulacro. Pero, no queda duda, el criminal está nuevamente preso y en condición de extradición.

Cuando el actual Gobierno logró la captura por segunda ocasión de Guzmán Loera, muchos sostuvieron que se trataba de una negociación del nuevo Gobierno con el crimen organizado, o que se trataba de un doble. Pero el escape de la prisión de máxima seguridad dejó en claro lo real del personaje, el poder de corrupción que tiene, su capacidad operativa (a veces desestimada) y su nula relación con la autoridad actual; los dobles no se escapan de las prisiones hasta donde tenemos memoria.

La fuga evidentemente dejó en claro la vulnerabilidad del sistema de seguridad en el penal del Altiplano pero, también, la capacidad de persuasión del crimen en los penales. Los recursos económicos y avances tecnológicos no solo están de lado de la policía, también son usados para las causas más oscuras y de ello hay suficientes evidencias a lo largo de la historia.

Además, atrapar a Guzmán Loera representa también un riesgo en la zona de influencia del cártel de Sinaloa, cuyo liderazgo, ahora que el “Chapo” está diezmado, será retomado por otros líderes, quienes van a actuar como se acostumbra en esa arena: por la vía de la violencia, la corrupción y la imposición del temor.

Esta circunstancia dará materia para que se renueven los guiones de cine y televisión con nuevas historias de entretenimiento, y que liderazgos políticos acartonados cubran de acusaciones sus campañas, en vez de dotarlas de argumentos y razones. En el fondo, en el río revuelto, siempre habrá quienes hagan rentable el negocio de la apología del crimen.

Related Articles

Leave a reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *